Teniendo en cuenta las características del funcionamiento cognitivo de las personas con autismo, la necesidad que tenemos todos de conocer por adelantado lo que vamos a hacer, dónde vamos a estar o qué va a suceder, y lo importante que es el campo visual como fuente de información en todos nosotros (y, en especial para el alumnado con autismo); usamos, con todo educando a nuestro cargo (extender el apoyo facilita la sistematicidad en su uso), apoyos visuales para dar información que, habitualmente, todos usamos en nuestro día a día.
El uso de apoyos visuales y un ambiente estructurado ayuda a las personas con autismo a sentirse seguras, competentes, confiadas y tranquilas, al igual que todos nosotros, que deseamos saber siempre qué va a ocurrir y nos generamos expectativas respecto de dichos acontecimientos.
ESTABLECER INFORMACIÓN CLARA EN EL DÍA A DÍA PARA EVITAR LA INCERTIDUMBRE: EL QUE LLAMAMOS “FORMATO AGENDA”
El primer paso siempre será crear un entorno lo más predictivo y claro posible, lo que implica el uso de agendas u horarios de anticipación. El objetivo principal es el de ayudar a la persona a anticipar las actividades del día y, a largo plazo, a planificar y gestionar de forma independiente sus actividades. También son útiles para incrementar la autonomía personal del educando a lo largo de toda su jornada de actividades diarias. En definitiva, una agenda debe dar información del plan del día (por periodos de más cortos a más largos) y, una vez adquirida la habilidad, dar información de periodos más extensos como la semana, más adelante, del mes y finalmente del calendario anual (como nosotros mismos hacemos, que nos bloqueamos la fecha en el calendario cuando tenemos un evento importante dentro de mucho tiempo).
En este enlace, tenéis un ejemplo de cómo comenzamos con las agendas de dos pasos para instaurar un sistema de anticipación y estructuración ambiental: https://youtu.be/8SZAI9vYH18
A partir de este momento, dividimos el día en segmentos o rutinas familiares y le damos a cada actividad de dicho segmento un nombre concreto (siempre el mismo) y un objeto, foto, picto o dibujo -según el nivel de abstracción/simbolización del educando- que lo represente y que sea lo más claro posible. Seleccionaremos cuáles son realmente significativos para el educando y los incluiremos de forma paulatina si se encuentra en los inicios del uso del formato. Decidimos, en base a la evaluación de la persona, la forma de presentación del soporte (dónde van los pictogramas, fotos o lo que usemos); por ejemplo, un panel de tamaño folio plastificado en la pared, o en una carpeta de anillas a modo de álbum de fotos con la tira en la primera página, o una bandeja blanca de cocina con dos tiras de velcro, etc.
Al principio se trata de que el educando vaya asociando un objeto o una imagen al inicio de una actividad diaria concreta, de esta forma irá aprendiendo a anticipar las actividades del día de una en una. Es importante que, en los inicios, la presentación del objeto/foto/picto/dibujo vaya seguida de forma inmediata por la actividad a realizar y la verbalización del concepto exacto a utilizar siempre. La manera de hacerlo es mostrar al educando la agenda con el paso correspondiente y, seguidamente, realizar dicha actividad sin apenas necesidad de desplazamientos (si nos desplazamos a otro lugar, deberemos llevar el objeto/foto/picto/dibujo con nosotros y, tal vez, empezar a trabajar el emparejamiento por rincones, más adelante hablaremos de ello).
Cuando se termina la actividad debemos dejar el objeto/foto/picto dibujo en una caja o sobre de acetato transparente azul que significa “se acabó”, promoviendo, si es posible, que sea el propio educando el que lo deje en la caja o cesta.
Antes de pensar que un educando está preparado para una agenda de fotos, o incluso de una agenda de dos-tres objetos secuenciados, debemos verificar que es capaz de relacionar algunos de los objetos de la vida diaria con la función con que se usa en su rutina habitual (por ejemplo, ve el zapato cuando le están vistiendo y eleva el pie para que se lo pongas, o ve a la madre con las llaves del coche o con el abrigo puesto y va hacia la puerta).
Sólo de forma paulatina se van incorporando dos o tres objetos o imágenes, para ir ampliando hasta agendas “parciales” del día o a agendas diarias completas. Con frecuencia, la progresión se realiza de una a tres actividades pues, de este modo, podemos incluir desde el principio actividades de acuerdo con la estrategia o principio de Premack o sistema “sándwich”: comenzamos con algo que le agrade o, al menos, con algo que se sienta seguro porque ya lo domina, después le presentamos alguna actividad nueva o que nos interesa especialmente trabajar o reforzar por su baja frecuencia de ocurrencia y terminamos presentándole la imagen de algo que le interesa o domina, o que le relaja positivamente.

En casa, lo ideal sería empezar por un panel de la Agenda que siempre ha de estar situado en el mismo lugar, con el fin de que el educando pueda recurrir a ella siempre que lo necesite o cuando ha finalizado una actividad, para ver cuál es la siguiente que va a hacer, con la supervisión del adulto, que hará conjuntamente con él la agenda enseñándole cada objeto/foto/picto/dibujo y haciendo que la coloque en el panel una tras otra –aquí es muy importante trabajar con la atención del educando, esperando la coordinación de la mirada y, si es verbal o preverbal, que verbalice.
Al Iniciar y finalizar cada actividad, como hemos comentado, debemos volver a la agenda para el “se acabó” y para señalar o para coger la imagen correspondiente a la siguiente actividad. En los inicios, es interesante llevarse la foto/picto/dibujo de la actividad que vamos a realizar al lugar donde se ubica la misma, colocándola en un panel de emparejamiento por rincones (de fondo naranja); además, una vez finalizada la actividad, la cogerá del mismo rincón para devolverla al sobre o caja de “se acabó” junto al panel de la agenda. En educandos mayores o con más competencia en Agendas que comienzan a usar conceptos temporales abstractos puede ser interesante volver a colocar la imagen en el panel de la agenda, pero tapándola con papel celofán o acetato de color azul como hemos dicho, pues, al ser semitransparente, puede ver las actividades que ha realizado y que aparecen marcadas como finalizadas. Con los educandos más mayores, que tienen adquiridos conceptos temporales, es útil al final de cada jornada repasar la agenda.
En los momentos de espera (en el caso de que sean muy largos, como por ejemplo en la cola de un supermercado, e incluso si son cortos) también hay que estructurar el tiempo. Conviene que tengáis a mano un objeto o pictograma que represente la espera y que sólo utilice en esos momentos. Para nosotros, suele ser circular (por si se lo llegan a meter en la boca así no tiene esquinas peligrosas; además se diferencia significativamente del resto de pictos) y de fondo naranja (ningún picto suele tener fondo y así se diferencia del resto). Las esperas no tienen por qué ser vacías de sentido o actividad, por lo que podemos realizar alguna pequeña rutina, cantar alguna cancioncilla, poner música en el móvil (sin video) o realizar algún juego circular.
CONSEJO:
Detalles a tener en cuenta:
• Las actividades que aparecen reflejadas en la agenda han de cumplirse, evitándole así ansiedad o el estrés por la incertidumbre, dándole información por adelantado y proporcionándole un ambiente previsible y estable.
